¿Estás segura?

Enviado por Lucita

“¿Estás segura de esto?” Cuantas veces he escuchado estas palabras salir de la boca de la gente que me rodea… Tantas que dejé de contarlas hace años.

Pues no. Nunca estoy al 100% segura de las decisiones que tomo, nunca podré afirmar rotundamente que estoy segura de que no me voy a equivocar en lo que he decidido. Pero por lo menos, decido.

Tomo decisiones sobre mi vida, sobre lo que quiero o no quiero hacer, vivir y sentir. No dejo que sean otros los que cojan las riendas de mi vida ni dejo que sus decisiones me influyan.

Y si algo tengo claro, es que nunca me arrepiento de lo que hago, sólo me arrepiento de lo que no hago. Puedo equivocarme al hacer, decir o vivir, pero sólo me arrepentiré de no hacer lo que tuviera que hacer por corregirlo.

Por suerte, lo tuyo conmigo ya ha sido corregido. No me arrepiento de la decisión que tomé al estar contigo, en ese momento para mi era la correcta. Así que, adelante tu con tu vida que yo seguiré decidiendo sobre la mía.

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Recuerdos felices

Enviado por CorazónTocado

Qué fácil es hacer feliz a cierta gente. Me incluyo en este grupo. Solo un par de palabras, o con una sola, me llenaría de felicidad en este momento. Seguramente a muchos os pase igual que a mí. Unas simples palabras de esa persona nos arreglarían estos días tan aciagos que nos toca vivir últimamente. Las horas que se nos hacen días, se volverían segundos en cuanto nos dijeran esas palabras.

Me refiero a un simple “Quédate”. Qué bonito tiene que ser que te digan eso cuando te estas yendo calle abajo pero te mueres porque te paren, porque por mucho daño que te hallan hecho quieres volver con esa persona. Nos llenaría de felicidad el alma. Por eso te lo digo a ti.

“Quédate porque te quiero, porque no quiero que te vayas, porque no quiero echarte de menos. Quédate porque quiero más momentos especiales contigo, solo junto a ti. Quédate a mi lado, abrazándome hasta que caigamos desfallecidos. Quédate y bésame con esos labios que me han llevado a mundos inexplorados que solo puedo y quiero visitar contigo. Simplemente quédate y cógeme de la mano para no soltarme nunca porque sin ti me siento vacío y en soledad. Quédate porque sin ti no soy mi mejor versión. Quédate porque te necesito. Quédate porque quiero abrazarte por las noches, especialmente esas que tengas miedo o pesadillas porque sabes que te tranquilizo y te calmo. Quédate y dejame darte los buenos días mientras te abrazo por detrás y te doy besos por el cuello. Quédate y tengamos una cena como aquella, en la que con las miradas nos devorábamos, en la que jugabamos a esos juegos que tanto nos gustan.

O un simple te hecho echo de menos. Echo de menos tus caricias y el tacto de tu piel sobre la mía. Echo de menos todos esos momentos mágicos que vivimos, en los que nos sentíamos tan felices. Echo de menos esas conversaciones que no tenían fin, en las reíamos y te decía cualquier tontada para picarte y sacarte de tus casillas. Te gustaba y no paraba de hacerlo. Me imaginaba tu sonrisa y no quería otra cosa que mantenerla. Echo de menos aquellas tardes en las que tomábamos un café, en las que no importaban las vistas sino sólo nosotros dos. Echo de menos que me dieras cosas sin yo pedírtelas, desde un abrazo o hasta el detalle más pequeño me llenabas el corazón de “lana”. Echo de menos ver esos ojos brillantes mirándome como si no hubiera nada más sobre la faz de la tierra. Ese brillo del que sabía que yo era el culpable. Echo de menos tus mensajes de buenos días, pero más los de buenas noches, en los que cerraba los ojos y te volvía a ver a pesar de la distancia. Echo de menos tus frases poéticas sacadas de la nada. Echo de menos cuando me llevabas a tus sitios secretos, concretamente a ese tan especial para ti. Echo de menos no tener más oportunidades de rememorar aquella noche en el asiento del coche, durante una tormenta en la que la lluvia no cesaba. Echo de menos esas llamadas que te hacía a las tantas de la madrugaba cuando yo llegaba de fiesta. Daba igual mi estado, el frio aue hiciese o lo dormida que estarías. Echo de menos cuando me pedías que te despertara de madrugada para que no te durmieses. Por mucho que me gustase dormir, me encantaba despertarme para hablar contigo. Te echo de menos.”

Te preguntaras porque digo esto ahora. Sí, a ti. Sé que lo leerás. La razón es porque ayer y por primera vez desde hace casi dos meses, leí unas palabras tuyas sin preguntarme si eran mentira porque eran totalmente sinceras. Leí unas palabras que salieron de una parte de ti que todavía tengo y llevo a todas partes. Me hubiera gustado un abrazo tuyo después de leerlas, uno de esos fuertes que das. Mientras lo leía no pude evitar que me empezasen a llorar los ojos soltando alguna que otra lágrima. Curiosamente fuiste la causante de la última lagrimilla antes de dormirme y de la primera al despertarme. Pero fueron bien distintas. No tenía pensado escribir esto hoy, pero fue leer tus palabras y los buenos recuerdos me invadieron por completo provocándome esos “quédate” y “te echo de menos”. Son totalmente sinceros, lo sé, y tú también lo sabes. Empece a escribir inconscientemente recordando todo lo bueno que hubo y cuando me quise dar cuenta no podía parar. No sé qué reacción tendrás al leerlo. Podrías soltar una lágrima por esos recuerdos perdidos en el pasado, o soltar una sonrisilla al recordarlos. Quizás ambas a la vez. A mí me estaba pasando, sonrisas y lágrimas. Pero quiero que sepas que no es que quiera volver, a pesar de que haya ciertas partes de mi interior que tienen muchos momentos de flaqueza por ti, incluso dañados y partidos. Es difícil renunciar a algo que en verdad quieres tener a tu lado.

Y he aquí las contradicciones del hombre. Contradicciones que ocurren porque siente con el corazón, piensa con la cabeza pero escribe con ambos.

Tu primer amor

Enviado por VikingaChic

Ese espacio real que alguna vez tocas enamorado. No te importaría estar horas y horas a su lado. Sin mediar palabra.

Está creado por la ilusión e inocencia que tienes a lo desconocido. ¡Espera! Ese temblor en tus piernas con tan sólo estar a su lado. Esa respiración rara y agitada… Sí, es lo que temes estás enamorado.

Y cuando ese amor te abandona ¿quién te consuela?

Cuando naces dicen que nuestro primer amor es el que tenemos a nuestros padres, quienes nos cuidan, alimentan, incluso tenemos celos de nuestros hermanos cuando son acariciados por nuestros padres.

LLamamos su atención para que nos mimen. Los primeros abrazos, besos y caricias provienen de ellos. ¡Ups! creó que si lo estás recordando con la mirada pérdida hacia arriba te has hecho mayor…Sin duda. Pero ese amor puro e incondicional ¿ estará ahí para siempre?

Esa sensación de ser libre, de proclamar tu amor con esa voz interior que te dice que no lo hagas y otra que te grita ¿porqué no? Allí donde eres el dueño de tus pensamientos, y príncipe de tus palabras. Ahí donde te sientes digno y orgulloso de cada paso que das.

Un lugar donde sólo estás tú antes  que nadie.  Sí,  amigos os presento a la autoestima. Esa que no existe cuando las piernas nos tiemblan, aquella a la  que no respeta la locura, sin ella la razón no tiene sentido.

La autoestima. ¡Que sencilla! ¿Cómo puede haber tanto desamor sin fijarnos de tu existencia antes? ¿cómo no supimos dejar que te quedes?

Aprendemos a base de errores. Trabajamos el día a día para no perderte.

Si nos llenamos de autoestima seremos capaces de amar.

Si somos capaces de ser libres sin dependencia, podremos enamorarnos.

Y entonces… ¿ahora quién es tú primer amor?

Me quedo

Enviado por Tinta en los Dedos

Quería dejarte, irme corriendo y dejarte allí. Así que cogí carrera, hice saltar el agua con mis pies a cada paso y escuchaba el chapoteo mientras sabía que me alejaba de ti.

Ya saboreaba esa nueva circunstancia pero, entonces, tuve que mirar atrás y vi en ti esa cara, esa mirada y eso me hizo pararme. Me tenía que quedar y es lo que hice.

Con todo, no creas que me tienes dominada, ni que te necesito, simplemente no puedo enfrentarme a esa mirada y no sé por qué, pues no me había pasado nunca con ningún otro, hasta que me encontré contigo y con esos ojos que me miran de esa forma y me hacen dudar.

No te necesito, vas a tener que hacer mucho más que sencillamente mirarme así para retenerme para siempre. ¿Para siempre? No sé porque digo estas cosas… Me confundes y no sé la razón de que consigas hacerlo. En fin, me quedo, de momento me quedo… pero no te creas con derecho a cantar victoria aún.

Entre uvas

Enviado por Uvas

Con los viñedos de paisaje y las uvas colgando de ellos, tu rostro enmarcado entre sus hojas verdes no hace más que volver a mi mente…
Recuerdo el sol de verano acariciando nuestra piel desnuda, recuerdo tu boca saboreando la mía mientras tus dedos jugaban a trazar un laberinto en mi espalda.

El aire de mar se colaba entre los diminutos espacios que había entre nuestros cuerpos, igual que se colaba entre los racimos de uvas. Y ese olor dulce del fruto que nos rodeaba junto con el amargo sabor de la arena que los cubría se habían convertido en el perfume de tu piel.

Te agarré tan fuerte como pude, no quería soltarte ni un instante. Pero volvimos a la realidad de nuestra vida en el asfalto, y desapareciste…
Esa tarde de verano entre uvas es todo lo que me queda de ti, y cada vez que saboreo un buen vino no puedo evitar saborearte a ti.

Beso

Enviado por Letras Pensantes

Que tu boca esté solitaria sin poder desahogar tanta pasión que aún está guardada, me abruma. Tanto, que al mirar tus labios morder y tu lengua pasar, van surgiendo en mí las más descaradas ganas de sostener firmemente tu cara y lanzarme de un zarpazo a darte un beso.

Confieso que es mi mayor debilidad, probar tus labios, ese dulce elixir de tus carnosos labios corriendo lentamente por los míos, como aquellos que tienen la dicha de juntar sus labios a diario, mientras cierran sus ojos, mientras se envuelven en caricias.

¡Un beso tuyo debe ser lo más cercano a estar en el paraíso!

Camarero

Enviado por Natalia Leon

Tengo hambre
de un plato
de tus ojos.

Verdes,
azules,
marrones,
saltones.

Aderezado,
por favor,
con una pizca
de risa
y de piel.

Y para beber,
sí,
para beber
me gustaría,
si puede ser,
una taza
de arañazos
en la espalda
de los que gritan,
pero no duelen.

¿Y postre?
Claro,
quiero
un pedazo
de esos abrazos,
de los que antes
no nos dábamos.

Recuerdos

Enviado por skpenocturno

 

Trato de recordarte y no puedo.

Aunque siempre estás presente en mi mente.

Entonces, ¿qué es esto? ¿Qué es lo que recuerdo?

Esa esencia perenne y sencilla que me complica.

Nunca te vas, nunca te fuiste y nunca lo harás.

Pero la verdad es que ya no me quedan memorias o fuerzas.

Los detalles se me perdieron.

Solo me queda un rostro, un mar de cabellos, un par de manos, un cuerpo.

Un recuerdo del silencio y del calor que supuestamente me daban tus besos.

Una alegría que ya no está.

Conjeturas de colores y relámpagos fugaces en mis sueños.

Un suspiro al despertar y una maldición al cielo.

Entonces, ¿quién eras? ¿Qué te gustaba?

¿Acaso había un momento del día para ti?

¿Acaso había un momento del día para mi?

Eras tan inocente, tan incorrupta.

Llegué a moldearte y a crearte a mi semejanza.

No recuerdo de qué te gustaba hablar.

No recuerdo qué te gustaba hacer.

Aunque sé que todo está ahí. Todo lo mantengo. Pero lo bloqueé y ya no recuerdo.

En aquellos tiempos, no había necesidad de guardar memorias, todo estaba presente, todo era perfecto.

No había momento del día para ti ni para mi, porque estábamos ocupados siendo uno.

Y ahora he vuelto a ser ese yo antes de ti.

Aquel ser incompleto, aquel ser sin tus recuerdos.

Me matan tus silencios…

Enviado por Destilando Amor

Sí, tus silencios, tu opción cobarde, tu opción inmadura.

 

Como dice la canción “si no quieres flamenquito, no toques las palmas”.

No, no digas que somos amigos, no digas que soy muy importante para ti. ¿Cuándo no tienes una opción mejor? ¿Es entonces cuándo soy importante para ti? Y mientras tanto me vas confundiendo con tus llamadas, tus mensajes,  nuestra complicidad. Que tus miradas, al igual que tus silencios… hablan.

Tenías “diez mil maneras”, sin silencios, pero “te dejaste llevar”.  Quisiste quedar bien y no te das cuenta del daño que has hecho, el daño que hacen esos silencios, silencios que hablan.

Y aún así te sigo queriendo, quiero seguir sintiendo que puedo tenerte cerca, porque nadie escoge a la persona, ni el momento, y sabes que éste es mi momento y no, no pienso quedarme en silencio.