El susurro

Cuando noté por primera vez su aliento cerca de mi cuello, me estremecí.

Me rodeó con su mano, acariciando mi cintura. Vi sus ojos fijados en mi, su pupila se dilató.

Empecé a temblar.

La oscuridad nos rodeó. Y simplemente, pasó.

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Cuando él llega con un café

Enviada por Clara

Todos los chicos que pasaron por mi vida durante mis primeros años de juventud quedaban ocultados por la sombre de Arnau. Apareció en mi vida muy temprano, con 15 años, envuelto de la magia que las hormonas me invitaron a concederle hasta que le puse fin por la incertidumbre constante en la que me mantenía: ahora te persigo, ahora no existes, ahora te amo, ahora no sé quién soy… Basta, suficiente. Mi orgullo mi obligó a no hacer más concesiones.

Quiso asomar de nuevo la cabeza y entrar en mi vida poco después. Quedamos un día para tomar un café y charlar, hacía casi 3 años que no nos veíamos, ya no éramos dos adolescentes de 15 años, ya teníamos 18 pasados y otras experiencias amorosas a nuestras espaldas. Nuestros cuerpos ya no eran de niños y nuestras mentes tampoco. Cuando le vi llegar mi corazón dio un salto y mil recuerdos regresaron a mi cabeza.

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