Diferentes…

Enviado por AridaneZS

Diagnosticar el problema nunca fue difícil, hallar las respuestas fueron quimeras, en estos momentos solo suspiro por que sepas que te quiero…

No me digas para marcharte que me quieres, no hablemos de amor si no va a ser eterno, no intentes abrazarme en la despedida, fallarás…
Guárdate las palabras que surgieron en el comienzo, nuestras realidades jamás serán compatibles, busca en otro cuerpo mi recuerdo y a mi déjame como imposible.

Ya me acostumbre a la soledad, ya me olvidé que tenía que olvidarte, fueron tantos besos como días sin pensar que pensaste. Vivo mientras sigo sin vivir, muero sin llegar a morir, siempre que vuelvo a mis momentos te veo partir, siento que te vas y nadie ni nada se apiadará de mí.

Diagnosticar el problema nunca fue difícil, lo difícil era que te dieras cuenta, hallar las respuestas fueron quimeras, sustanciales o profundas pero quimeras, el miedo en ocasiones te condiciona, te traiciona y pone desiertos entre montañas a la hora amar…

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Recuerdos felices

Enviado por CorazónTocado

Qué fácil es hacer feliz a cierta gente. Me incluyo en este grupo. Solo un par de palabras, o con una sola, me llenaría de felicidad en este momento. Seguramente a muchos os pase igual que a mí. Unas simples palabras de esa persona nos arreglarían estos días tan aciagos que nos toca vivir últimamente. Las horas que se nos hacen días, se volverían segundos en cuanto nos dijeran esas palabras.

Me refiero a un simple “Quédate”. Qué bonito tiene que ser que te digan eso cuando te estas yendo calle abajo pero te mueres porque te paren, porque por mucho daño que te hallan hecho quieres volver con esa persona. Nos llenaría de felicidad el alma. Por eso te lo digo a ti.

“Quédate porque te quiero, porque no quiero que te vayas, porque no quiero echarte de menos. Quédate porque quiero más momentos especiales contigo, solo junto a ti. Quédate a mi lado, abrazándome hasta que caigamos desfallecidos. Quédate y bésame con esos labios que me han llevado a mundos inexplorados que solo puedo y quiero visitar contigo. Simplemente quédate y cógeme de la mano para no soltarme nunca porque sin ti me siento vacío y en soledad. Quédate porque sin ti no soy mi mejor versión. Quédate porque te necesito. Quédate porque quiero abrazarte por las noches, especialmente esas que tengas miedo o pesadillas porque sabes que te tranquilizo y te calmo. Quédate y dejame darte los buenos días mientras te abrazo por detrás y te doy besos por el cuello. Quédate y tengamos una cena como aquella, en la que con las miradas nos devorábamos, en la que jugabamos a esos juegos que tanto nos gustan.

O un simple te hecho echo de menos. Echo de menos tus caricias y el tacto de tu piel sobre la mía. Echo de menos todos esos momentos mágicos que vivimos, en los que nos sentíamos tan felices. Echo de menos esas conversaciones que no tenían fin, en las reíamos y te decía cualquier tontada para picarte y sacarte de tus casillas. Te gustaba y no paraba de hacerlo. Me imaginaba tu sonrisa y no quería otra cosa que mantenerla. Echo de menos aquellas tardes en las que tomábamos un café, en las que no importaban las vistas sino sólo nosotros dos. Echo de menos que me dieras cosas sin yo pedírtelas, desde un abrazo o hasta el detalle más pequeño me llenabas el corazón de “lana”. Echo de menos ver esos ojos brillantes mirándome como si no hubiera nada más sobre la faz de la tierra. Ese brillo del que sabía que yo era el culpable. Echo de menos tus mensajes de buenos días, pero más los de buenas noches, en los que cerraba los ojos y te volvía a ver a pesar de la distancia. Echo de menos tus frases poéticas sacadas de la nada. Echo de menos cuando me llevabas a tus sitios secretos, concretamente a ese tan especial para ti. Echo de menos no tener más oportunidades de rememorar aquella noche en el asiento del coche, durante una tormenta en la que la lluvia no cesaba. Echo de menos esas llamadas que te hacía a las tantas de la madrugaba cuando yo llegaba de fiesta. Daba igual mi estado, el frio aue hiciese o lo dormida que estarías. Echo de menos cuando me pedías que te despertara de madrugada para que no te durmieses. Por mucho que me gustase dormir, me encantaba despertarme para hablar contigo. Te echo de menos.”

Te preguntaras porque digo esto ahora. Sí, a ti. Sé que lo leerás. La razón es porque ayer y por primera vez desde hace casi dos meses, leí unas palabras tuyas sin preguntarme si eran mentira porque eran totalmente sinceras. Leí unas palabras que salieron de una parte de ti que todavía tengo y llevo a todas partes. Me hubiera gustado un abrazo tuyo después de leerlas, uno de esos fuertes que das. Mientras lo leía no pude evitar que me empezasen a llorar los ojos soltando alguna que otra lágrima. Curiosamente fuiste la causante de la última lagrimilla antes de dormirme y de la primera al despertarme. Pero fueron bien distintas. No tenía pensado escribir esto hoy, pero fue leer tus palabras y los buenos recuerdos me invadieron por completo provocándome esos “quédate” y “te echo de menos”. Son totalmente sinceros, lo sé, y tú también lo sabes. Empece a escribir inconscientemente recordando todo lo bueno que hubo y cuando me quise dar cuenta no podía parar. No sé qué reacción tendrás al leerlo. Podrías soltar una lágrima por esos recuerdos perdidos en el pasado, o soltar una sonrisilla al recordarlos. Quizás ambas a la vez. A mí me estaba pasando, sonrisas y lágrimas. Pero quiero que sepas que no es que quiera volver, a pesar de que haya ciertas partes de mi interior que tienen muchos momentos de flaqueza por ti, incluso dañados y partidos. Es difícil renunciar a algo que en verdad quieres tener a tu lado.

Y he aquí las contradicciones del hombre. Contradicciones que ocurren porque siente con el corazón, piensa con la cabeza pero escribe con ambos.

Recuerdos

Enviado por skpenocturno

 

Trato de recordarte y no puedo.

Aunque siempre estás presente en mi mente.

Entonces, ¿qué es esto? ¿Qué es lo que recuerdo?

Esa esencia perenne y sencilla que me complica.

Nunca te vas, nunca te fuiste y nunca lo harás.

Pero la verdad es que ya no me quedan memorias o fuerzas.

Los detalles se me perdieron.

Solo me queda un rostro, un mar de cabellos, un par de manos, un cuerpo.

Un recuerdo del silencio y del calor que supuestamente me daban tus besos.

Una alegría que ya no está.

Conjeturas de colores y relámpagos fugaces en mis sueños.

Un suspiro al despertar y una maldición al cielo.

Entonces, ¿quién eras? ¿Qué te gustaba?

¿Acaso había un momento del día para ti?

¿Acaso había un momento del día para mi?

Eras tan inocente, tan incorrupta.

Llegué a moldearte y a crearte a mi semejanza.

No recuerdo de qué te gustaba hablar.

No recuerdo qué te gustaba hacer.

Aunque sé que todo está ahí. Todo lo mantengo. Pero lo bloqueé y ya no recuerdo.

En aquellos tiempos, no había necesidad de guardar memorias, todo estaba presente, todo era perfecto.

No había momento del día para ti ni para mi, porque estábamos ocupados siendo uno.

Y ahora he vuelto a ser ese yo antes de ti.

Aquel ser incompleto, aquel ser sin tus recuerdos.

Y si…

Enviado por El Kaleidoscopio de Andrómeda

Desaparezco en tus palabras cuando la noche me ataca,

cada día que pasa dejas tu estela en mi alma y solo la noche me acompaña,

desaparezco mientras tu luz me fulmina la mirada

eres demasiado brillante para verte y demasiado atrayente para evitarte.

Quiero tenerte así sea por una noche,

quiero adorarte así sea por este momento.

Pero tus ojos me desvanecen, solamente soy huesos y carne.

Desaparezco en tus recuerdos, solo me queda el dolor

pero aquí sigo, aquí quiero estar a pesar del destello y del daño que a mis ojos le das.

Me matan tus silencios…

Enviado por Destilando Amor

Sí, tus silencios, tu opción cobarde, tu opción inmadura.

 

Como dice la canción “si no quieres flamenquito, no toques las palmas”.

No, no digas que somos amigos, no digas que soy muy importante para ti. ¿Cuándo no tienes una opción mejor? ¿Es entonces cuándo soy importante para ti? Y mientras tanto me vas confundiendo con tus llamadas, tus mensajes,  nuestra complicidad. Que tus miradas, al igual que tus silencios… hablan.

Tenías “diez mil maneras”, sin silencios, pero “te dejaste llevar”.  Quisiste quedar bien y no te das cuenta del daño que has hecho, el daño que hacen esos silencios, silencios que hablan.

Y aún así te sigo queriendo, quiero seguir sintiendo que puedo tenerte cerca, porque nadie escoge a la persona, ni el momento, y sabes que éste es mi momento y no, no pienso quedarme en silencio.

El reflejo

Enviado por Lucita

Mírate al espejo antes de hablar. Cuéntale a ese reflejo tuyo lo que íbas a decirme a mí. Házlo mirándote a los ojos, no bajes ni un segundo a tu boca, ni resigas la linea de tu cuello.

Y cuando termines de hacerlo, si aún tienes ganas de decírmelo, pégale un puñetazo a tu reflejo y rompe el cristal. Así verás lo que va a pasar con mi corazón cuando sueltes esa mentira.

Ah, y no existe pegamento para reconstruirlo.

Las paredes

Enviado por El Funámbolo

Las paredes dicen que ya no me quieres,

han escuchado otras voces

que susurran amores entre sábanas y almohadas.

 

Dicen también que desde hace días

les resuena en las varillas tu risa franca,

tus pies sin luto y tu voz confiada.

 

Nadie, aseguran, sabe que tus pensamientos

están mudando sus raíces al bolsillo,

abandonando las noches de vena larga.

 

Dicen que mis ecos ya no bastan,

no estoy: estuve,

soy un pasado que se irá mañana.

 

¿Sabrán que las extraño?

Que hoy, al venir a recoger los recuerdos,

las veo más grandes, más cálidas.

¿Sabrán que me faltan?

 

Tanto como lo hará este florero que dejo olvidado,

tanto como tú…

Tu espalda.