¿Estás segura?

Enviado por Lucita

“¿Estás segura de esto?” Cuantas veces he escuchado estas palabras salir de la boca de la gente que me rodea… Tantas que dejé de contarlas hace años.

Pues no. Nunca estoy al 100% segura de las decisiones que tomo, nunca podré afirmar rotundamente que estoy segura de que no me voy a equivocar en lo que he decidido. Pero por lo menos, decido.

Tomo decisiones sobre mi vida, sobre lo que quiero o no quiero hacer, vivir y sentir. No dejo que sean otros los que cojan las riendas de mi vida ni dejo que sus decisiones me influyan.

Y si algo tengo claro, es que nunca me arrepiento de lo que hago, sólo me arrepiento de lo que no hago. Puedo equivocarme al hacer, decir o vivir, pero sólo me arrepentiré de no hacer lo que tuviera que hacer por corregirlo.

Por suerte, lo tuyo conmigo ya ha sido corregido. No me arrepiento de la decisión que tomé al estar contigo, en ese momento para mi era la correcta. Así que, adelante tu con tu vida que yo seguiré decidiendo sobre la mía.

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Cartas entre diablos

Enviado por Lucita

Querido Arkham,

Tu siempre has vivido obsesionado por la pasión, por vivir intensamente cualquier sonrisa, caricia o palabra. Has disfrutado de los placeres humanos, los has saboreado en tu boca y en tus dedos, has agotado cada aliento que has encontrado y te has apoderado de sus almas. Eres un diablo de fuego icontrolado, que nunca se sacia y que no tiene intención alguna de deternerse hasta que le reviente el corazón. Pero eres infeliz y sé que tu vida es una frustración contínua. Conmigo no es necesario que disimules.

Te observo desde mi frío palacio, el que yo misma construí hace años en la cara oculta de la Luna, lejos de lo terrenal, lejos de ti. Desde mi soledad y silencio, mi racionalidad y mi retiro, veo tus esfuerzos por integrarte en este mundo terrenal, adivino tus pensamientos y lamento tus constantes esfuerzos en vano por parecer uno de ellos. Yo soy un diablo de hielo, incapaz de dejarme llevar por la pasión y el desvarío humano. Siempre me has dicho que tengo miedo y por eso me encierro y no dejo que nadie entre en mi corazón.

Quizás tengas razón. Pero mi miedo no es, ni por asomo, mayor que el que tú tienes.

Pero dime, ¿puede un diablo amar a otro?

Cuando descubras la respuesta, envíamela por carta. Pues lo escrito en tinta, perdurará más allá que tu y que yo, y así es como debe ser.

Lucita

El reflejo

Enviado por Lucita

Mírate al espejo antes de hablar. Cuéntale a ese reflejo tuyo lo que íbas a decirme a mí. Házlo mirándote a los ojos, no bajes ni un segundo a tu boca, ni resigas la linea de tu cuello.

Y cuando termines de hacerlo, si aún tienes ganas de decírmelo, pégale un puñetazo a tu reflejo y rompe el cristal. Así verás lo que va a pasar con mi corazón cuando sueltes esa mentira.

Ah, y no existe pegamento para reconstruirlo.

El pianista

Enviado por Lucita

Él era el que siempre estaba allí sin parecer estarlo. El que me miraba con ojos de desconocido intentado entrar en mi mente para saber cómo acercarse a mi.

Él era el que con sus manos de pianista, me tocaba discretamente cuando me pedía un cigarro. Él era el que, sin yo saberlo, creó una partitura inspirándose en mi. ¿Dónde estará ahora esa partitura? ¿Quién oirá sus melodía danzando entre las teclas del piano?

Él vino a mi, yo aprendí a amarle con locura.

Él se marchó y se alejó de mi, yo tuve que aprender a olvidarle.

Pero cada vez que escuchaba el sonido de ese instrumento, no podía hacer más que estremecerme y recordar cada noche que pasamos juntos. Porqué ese era nuestro escenario: las noches de verano en  su casa en medio del bosque. Su inmensa pasión se abría paso entre su calma y su tranquilo posado. Las hadas de la música nos envolvían junto con las sábanas frescas de su cama.

Él era un artista. Él era todo pasión… Recuerdo sus ojos entrecerrados mientras tocaba, podía casi ver su aura tornarse de múltiples colores mientras las notas brotaban de sus dedos.

Pero él se marchó. y aprendí a olvidarle. Pero nunca podré olvidar su música…

El deseo de la luna – Parte 3

 

Enviada por Lucita

Conseguí unos billetes de avión muy baratos para ir a Madrid a finales de febrero, iba a pasar un fin de semana. Llegaba el viernes a las 10 de la noche y volvía el domingo también a las 10 de la noche. Sería la primera vez que estaríamos dos días juntos y solos. No nos habíamos visto desde la noche del día de reyes, pero hablábamos por teléfono casi cada día, sobretodo porque él no dejaba pasar más de 1 día sin llamarme. Aún siendo esta la situación, yo sentía que se iba a su terreno, a su casa y no tenía claro qué me iba a encontrar.

Llego el día de irse a Madrid, coger el avión y descubrir qué pasaría. Le llamé justo antes de embarcar, el avión iba con retraso y llegaría a Madrid sobre las 12 de la noche. Él me dijo que no me preocupara, que cuando llegara estaría allí fuera la hora que fuera. Hecha un manojo de nervios, llegué a Madrid, recorrí los pasillos hasta la puerta de salida y allí estaba, esperándome con una sonrisa dulce, me abrazó y me besó suavemente.

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El deseo de la luna – Parte 2

Enviada por Lucita

3 años más tarde, él se marchó a vivir a Madrid por temas de trabajo, pero mantuvimos el contacto vía skype y teléfono. Por aquél entonces yo estaba viviendo con un chico, y Pablo cada vez que venía a visitar a sus padres, se pasaba a verme. Tomábamos algo en un bar , charlábamos de nuestras cosas, nuestras parejas, nos sonreíamos con cariño… Por mi parte, nada más allá que el coqueteo orgulloso de “mírame pero no toques”. Y eso me divertía, me gustaba ver que él se estaba liberando de esas cadenas que se impuso la primera noche que nos besamos y que ahora yo tenía el control de lo que podía o no pasar. Una noche, hablando con él por skype, él me dijo que se arrepentía de lo sucedido 4 años atrás a lo que yo le contesté que era una lástima, ya que perdió su oportunidad. Pero lejos de romper su contacto, Pablo siguió llamándome y visitándome, respetando por encima de todo, nuestra amistad.

La relación con el chico con el que yo vivía terminó un año más tarde. Nuevamente, fui yo la que rompió. Era fin de año, el 31 de diciembre del 2005, cuando hice las maletas y me marchó del piso. Esa noche fué difícil, pero estaba muy segura y convencida de lo que hacía. Dos días más tarde Pablo vino de Madrid y, como siempre, me llamó. Le conté lo sucedido y quedamos en vernos la noche del 6 de enero, yo tenía entradas para ir al teatro y no quería desperdiciarlas.

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El deseo de la luna – Parte 1

Enviada por Lucita

Me odiaba a mi misma por no poder quererle como él lo hacía, no entendía porqué no podía amarle. Era una gran persona y sabía nunca me haría daño. Pero no lo amaba.  Manu había sido me novio durante casi 2 años (de los 16 a los casi 18), con idas y vueltas, con peleas y reconciliaciones, y a través de cuál conocí a Pablo. Aún habiendo roto con Manu, yo seguía quedando con Pablo porqué éramos amigos, con él hablaba y compartíamos amores y desamores, confiábamos el uno en el otro y una noche durante una fiesta en casa de Manu, aún no sé muy bien porqué, nos besamos. Luís nos vio y entró en cólera. A mi me echó de su casa tras llamarme de todo menos bonita pues, según él, esa noche se había hecho ilusiones de que quizás yo volvería con él (aunque ya no estábamos juntos desde hacía meses y él ya estaba con otra chica, lo cuál me pareció una contradicción estúpida). Y a Pablo le soltó un sermón el contenido del cuál yo nunca conocí.

Fuera lo que fuera lo que le dijo, Pablo el día siguiente me dijo que él no sentía nada especial por mi. Me vino a buscar a casa en su coche. Esa noche era luna llena, una luna enorme y rojiza que ya presagiaba malas noticias. Cuando me soltó la frase de que yo para él era la exnovia de su mejor amigo y que no podía permitirse arriesgar su amistad con Manu le contesté que, en parte, lo entendía pero que como volviera a referirse a mi como “la exnovia de”, perdería mi respeto y mi amistad. Yo soy yo, no soy la ex de nadie.

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